La mafia de los encendedores

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Tarde fria 14 de juli 2018. Encuentro casual 3er piso, departamento cálido. Entre leña y leña para calentar una estufa pequeña aquella llama se ponía mas llena. En un momento de descanso mi colega se retira a buscar mas sedas. No conforme con las que tenía a mano. En esos 20 segundos de distención mi mano por pura inercia abrío un cajon. Para la sorpresa de mis ojos mi amigo no solo me exigió que trajese encendeor, sinó tambien que se lo prestara. Cuando en el estante habían aproximadamente unas 453 numerados uno a uno. Su reacción fue de locura. Tendió a serme sincero luego de haber perdido su trabajo tras una renuncia tendió a amortizar estos gastos generales recolectando encendedores ajenos, los cuales las grandes compañian recolectaban a través de estos pequeños proveedores.

Cada 400 encendedores era un equivalente 800, aproximada mente unas 7 pintas. Nada menos. Suficiente como para mantener la vida de un Caffi.  Quien podría osarse ante tantos grandes reclamos como una ley de aborto legal seguro y gratuito a pretender tan irrisorio como la tipificación de un hurto por psicopatía de cleptomanía. Muchos seguidores de Kelsen clasificaron esta doctrina de trazos de la antigua época del fuhrer. En fin  era encerrar personas enfermas.

 

 


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